Parte 2: Doce horas, o mas.
Fuertes toquidos en la puerta del departamento me despiertan. Al regresar al mundo, ademas de mi resaca y la inevitable pregunta «¿Donde estoy?», solo veo un amable recado sobre la pequeña mesa que tengo al lado:
«Si despiertas antes que yo, toma lo que quieras del refrigerador para desayunar. Cualquier cosa, toca mi puerta (enfrente del baño). B***».
Mas toquidos igualmente vigorosos suenan. Me levanto y me apresuro al la puerta enfrente del baño -el cuarto de B***-.
Toco.
- B***, estan tocando -le aviso.
- …Ya voy -contesta totalmente amodorrada.
Vuelvo a dejarme caer sobre el sillon donde al parecer pase la noche. Por cierto, ¿que hora es? Las diez de la mañana. Diablos, entonces he dormido escasamente cinco horas…
«¿Quien carajos toca en domingo a las diez?», me pregunto mientras cierro nuevamente los ojos y dejo el asunto en manos de B***, quien ya ha salido de su pieza en ropa de dormir y pantuflas.
- ¿Quien es? -pregunta.
- G*** y H***. Venimos por Giancoli -se oye desde afuera.
- ¿G***? - se le escapa por el asombro.
B*** abrio la puerta e invito a que ambos tomaran asiento en las mismas sillas donde apenas hace unas horas S*** y yo nos acomodabamos tras terminar el cigarrillo.
Ahora recuerdo: G*** habia dejado dicho que vendria porque… ¡iba a llevarme a mi casa!
Llego, en efecto. Con un pequeño retraso.
Me incorporo y saludo. Me siento al lado de H*** y platicamos todos unos minutos. El hambre nos asalta y B*** se introduce en la cocina para preparar algo no tan primitivo que almorzar. H*** la acompaña y G*** y yo somos enviados a comprar no se que cosas para lo que sea que piensen preparar nuestras dulces niñeras.
Una vez en el establecimiento, habiendo pagado el encargo, una siniestra idea se deja lucir en los ojos de G***:
- ¿Compramos unas chelitas? -me coquetea.
- … ¿Por que no?
“Algo tranquilo, nomas pa’ desayunar. Un docecito; seis y seis”. Asi comenzamos. Aqui vamos de nuevo.
… ¡¿A nadie le importa que el reloj marque «a.m.»?!
Llegamos al departamento. Magnifico desayuno.
(Esta bien, la cena de la ceremonia de ayer fue mucho mejor, pero… ¡diantres, la vomite toda! Asi que virtualmente, esto es lo primero que entra a mi en 18 o 19 horas. Quiza por eso sabe tan bien.)
* * * * *
En el momento en que un bohemio de corazon, como lo es G***, saca su guitarra y se pone a cantar, se le ha declarado la guerra a la sobriedad. Y es una guerra que bajo ninguna circunstancia hemos de perder.
Pasan las canciones y pasan las cervezas. B*** y yo, hay que admitirlo, estamos en lo absoluto embobados por la musica de nuestro amigo trovador. H***, por otro lado, lo mira con esa omnipresente ternura que la ataca cuando ve a G*** tocar.
Ella, por supuesto, conoce de medio a medio su repertorio, a fuerza de escucharlo tantas veces.
Subitamente soy invadido por un letargo pesado como el plomo. Casi por instinto me dirijo a mi ya amigo sillon y sin decir buenas noches me sumerjo en una apacible siesta.
Al despertar, ademas de los tres con quienes estaba, hay una cuarta silueta que distingo como desconocida. B*** se apresura a presentarnos: mi prima, Giancoli; Giancoli, mi prima. Quiero aclarar que nunca dijo su nombre; se limito a hacerme saber que eran primas.
Un par de horas mas tarde, H*** se queja de que tiene que llegar temprano a su casa. Que ironia, son mas de las dos de la tarde (¡del dia siguiente!), y sigue obstinada en llegar temprano.
G*** ha de llevarla, desde luego.
La trova se ve obligada a cesar. A estas alturas tenemos hambre nuevamente. O mejor dicho, ellas tienen hambre.
Nos vamos G***, H*** y yo. Entretanto, B*** y su prima se quedan a pedirnos a todos una pizza; o al menos, a pretender que asi lo harian.
Una vez en casa de H***, nos topamos con mas amigos actores: Estan K*** y Y***.
G*** y yo los invitamos a acompañarnos al departamento de B***, del mismo modo que insistimos para que H*** regrese tambien. Triple negativa por una u otra razon. De modo que unicamente regresamos el y yo.
Cuando estamos por irnos, reconozco ese brillo perverso en los ojos de G***, haciendose acompañar por una bellaca sonrisa:
- ¿Que, otras chelitas?
- … Si.
Doce «botes» mas (Cortesia de Sinu y Lara…). Por tercera vez entro en el departamento.
B*** y su prima se asombran del poco tiempo que tardamos. Resulta que no han ordenado nada aun.
Reunimos nuestros ingenios nublados y perezosos por el alcohol y decidimos acudir a una especie de restaurante de (¡si!) pizza. Ya saben, de esos que lo estafan a uno con su insolita generosidad: 2x1 todos los dias.
G*** y B*** adelante; «la prima» y yo atras, para -en palabras mias- “agasajarnos en el camino”.
(Tal cosa no ocurrio, aclaro.)
Cuando nos entregan la masiva cantidad de comida que obtuvimos al infimo precio de cuarenta pesos por persona, ademas de esbozar colectivamente una tremenda sonrisa, nos encaminamos de regreso al departamento, al que habria de entrar por cuarta vez.
Este es el punto en que pierdo la cuenta de lo que he tomado.
La pizza es buena, ciertamente.
Mucha platica y mucha mas trova en vivo. Mucha mas cerveza.
Le enseño a B*** -o trato, al menos- lo elemental de la salsa cubana y la bachata. Queda encantada con el baile y me hace prometer que entraremos a practicar tango el proximo cuatrimestre (promesa que no pude cumplir, por causa del Tartufo).
Ya saben que en esto del teatro adquiere uno costumbres un tanto femeninas, asi que B*** y yo pasamos vaya usted a saber que cantidad de horas jugando a chocar nuestras manos como lo hacen las niñas pequeñas, hasta que conseguimos hilar cinco tandas seguidas, con un esfuerzo indecible.
* * * * *
Llega un momento de mi embriaguez en que solo quiero una mujer. Especialmente ahora que recien termino una relacion, me siento sombriamente solo. «La prima» esta mas cerca. Ademas, yo le guardo un extraño respeto (respeto que casualmente me llevo a dormir en su cama ayer, sin siquiera tener contacto visual, cual matrimonio añejo) a B***, que me impediria insinuarle cualquier cosa o siquiera atreverme a considerarlo.
Esta prima es (…).
Ya saben, amigos, que soy un amante de todas las mujeres por igual, ya que todas esconden entre las piernas una belleza equiparable.
- Mujer.
- Dime.
- Mira, voy a ser muy claro. Llega un momento en que Gian esta muy ebrio.
- Ese momento ya llego, al parecer.
- Asi es. Y cuando Gian esta muy ebrio, necesita una mujer. No es que la quiera, o que la desee; la necesita.
- … Ah…
- Asi que, ¿por que no vamos tu y yo al cuarto?
- … ¿A hacer que?
- A… sostener un poco de contacto fisico.
¿Por que solte una expresion tan refinada como esa? ¿Por que no le dije algo mas sutil o siquiera natural? Pues sencillamente, porque lo que yo queria era estrictamente tener contacto fisico con ella. No es tanta mi beodez (…)
Lo que viene, amigos, es sin duda, una de esas frases que uno enmarca para siempre en su memoria, por su frescura y originalidad.
- ¿Ah si? A ver, vendeme la idea del contacto fisico.
«Vendeme la idea del contacto fisico». ¡Wow! Es una de las mejores frases que me ha escupido una mujer; -y que mujer: sensacionalmente inteligente- y de las pocas que me han dejado sin palabras.
Es una de esas veces en que uno sencillamente se ve obligado a aceptar, por doloroso que sea, que una mujer (…) lo rechazo. Ni hablar, a veces pasa.
* * * * *
De repente, sin que ninguno lo notara, se ha hecho de noche. Sigue la charla y la musica, pero cuando nuestra liquida deidad se desvanece hasta su ultima gota… Hay que ir por mas.
Pero antes… es tarde y mañana hay clases. Mejor despidamonos de las señoritas de una buena vez y vayamos solos al encuentro de la muerte. O de la vida…
En el camino a mi casa (porque si, G*** cumplio su promesa de llevarme a mi maldita casa, aunque lo haya hecho con un dia de retraso), nos detenemos por mas alcohol.
Llegado que hemos al palacio en deprimente abandono que es la casa de mi abuela -donde vivia en los tiempos a que pertenece esta historia-, caigo en en la cuenta de que la puerta esta abierta, las luces prendidas y mas sorprendente que todo, ¡hay gente!
Paso a saludar a mi primo, su esposa y su hija. Y mi tia, mi tia L***.
Ustedes no saben quien es, ni por que es tan importante, trascendente e inesperada su visita, pero… conformense con la idea de que es un hito su estancia aqui. Ya revelare luego, en algo llamado «Primera visita», el porque de todo esto.
Entro y doy las buenas noches a mi abuela, que se regocija al verme vestido de traje (si, sigo vestido de traje desde la ceremonia de ayer, y G*** tambien) y me aclara, entre otras cosas, que mi tia se muda a vivir con nosotros.
Mi compañero y yo nos instalamos en los equipales de la cochera, y nos disponemos a finiquitar el asunto: ya hay solo cuatro cervezas.
La radio suena, y suenan tambien las anecdotas y las enseñanzas de G*** (G*** es tal vez cinco años mayor que yo, pero su experiencia de vida es tal vez cincuenta veces mayor que la mia). Nos aproximamos al final de la noche: el ultimo cigarro. Saben que no acostumbro fumar -o mejor dicho, que en aquel entonces no lo acostumbraba-, pero por ocasion especial voy a atreverme. Mis familiares estan ya dormidos, o se han ido, asi que no hay nadie que se inquiete por verme compartir este ultimo pequeño y maloliente asesino.
Son mas de las diez de la noche y todos los envases estan vacios. G*** se despide y lo acompaño a la puerta.
Ha sido una increible jornada. Empezamos a las diez… a.m. Suman doce horas, o mas. Y si a eso le añadimos mi colapso… ¿ven por que digo que en cuanto ingrese a la universidad todo se estropeo?
Ya, buenas noches, amigos; mañana hay clases… a las $%&/ siete.
Carajo.
Giancoli D’Arezzo.